Sorgo granífero y abejas melíferas: una mirada desde el sur de Santa Fe

El aumento de la superficie dedicada al sorgo y la aparición del pulgón amarrillo impactó en la apicultura de la región en aspectos que debemos considerar

La apicultura históricamente es realizada en nuestro país en la región pampeana, concentrando la mayor cantidad de apicultores en provincias de Buenos Aires, Santa Fe, Entre Ríos y Córdoba. Esta área se caracteriza por el uso del suelo para la producción de granos y oleaginosas. El sorgo granífero es uno de los cultivos realizados en esta región, el cual vio incrementada su superficie de siembra en las últimas 2 campañas agrícolas, expresa en su artículo, el Médico Veterinario Ezequiel Bertozzi (INTA Casilda).  Los factores que causaron el aumento fueron tales como la demanda creciente de China, condiciones climáticas favorables y un buen precio. Según la oficina de estimaciones agrícolas del Ministerio de Agricultura, ganadería y pesca de la Nación, en la provincia de Santa Fe se pasó de 97.130 has sembradas en la campaña 2019-2020 a 180.980 has en 2020-2021. En los departamentos del sur de Santa Fe, si bien fue dispar el aumento, en valores absolutos de hectáreas: Constitución, San Martín, San Lorenzo y Caseros fueron los que alcanzaron mayor superficie dedicada al cultivo. Los incrementos en los citados departamentos, van del 60 % al 500 % de la superficie.

La importancia apícola del sorgo era nula, ya que no brinda recursos a las abejas. Esta situación cambió con la detección en enero de 2021 de una nueva plaga en este cultivo el “Pulgón amarillo de la caña de azúcar” (Melanaphis sacchari). Este áfido es una especie originaria de África y medio oriente que irrumpió afectando gran cantidad de lotes en nuestra región. La aparición de esta plaga evidenció un punto de inflexión en la consideración del cultivo por parte de los apicultores, con tres aspectos a destacar: un potencial recurso para las colmenas, el efecto en las abejas de los fitosanitarios usados para su control y la presencia de azúcares C4 en las mieles.

El pulgón amarrillo se alimenta de la savia de las plantas y produce una excreción de agua y azúcares que es vertido sobre las plantas afectadas. Este producto denominado comúnmente melaza es aprovechado como fuente de alimento por diferentes especies como lo es la abeja melífera. Las colonias que liban estas excreciones obtienen miel con características particulares tales como un mayor contenido mineral y de apariencia más oscura que las obtenidas frecuentemente en las praderas del sur de Santa Fe. Por ello, representa un recurso que es utilizado para la nutrición de las colmenas y producción de los apicultores.

La contracara de lo antes expuesto, son los efectos de los fitosanitarios para controlar el pulgón que pueden afectar a las abejas. El control químico es una de las herramientas para el manejo de la plaga, junto a otras como el uso de genotipos de sorgo tolerantes, manejar la fecha de siembra, entre otros. En esta última campaña se realizaron de 1 a 3 aplicaciones para su control, teniendo en cuenta que es dificultoso llegar donde se encuentra ubicado este áfido por la gran foliosidad del cultivo. Los principios activos utilizados en general son del grupo de los neonicotinoides y sulfoximidas de alta toxicidad para las abejas. En nuestra región se ha visto reflejado posibles efectos negativos en apiarios cercanos a lotes de sorgo en los que se reportó despoblamiento de colmenas.

Por otro lado, la miel obtenida a partir de esta melaza es denominada miel de mielada según el código alimentario argentino (capítulo X, artículo 782). La misma tiene la particularidad que al utilizar la excreción de los pulgones que succionaron el sorgo son detectados en la miel azúcares provenientes de plantas carbono 4 (C4). Esta detección puede confundirse con una adulteración de las mieles obtenidas. Las mieles que son obtenidas del néctar de las flores (más común) son plantas carbono 3 (C3) y se pueden distinguir sus azúcares de los provenientes de plantas C4.

La adulteración en miel es un problema que se viene dando a nivel mundial en los últimos años. Para detectar productos ilegales que “no son mieles” se ha avanzado notoriamente en las técnicas de análisis. En la actualidad, existen dispositivos de análisis de miel que detectan jarabes de maíz y de caña de azúcar que son plantas C4 y son frecuentes adulterantes. Por ello, es muy importante que los compradores de miel tengan en claro esta situación y no confundir a la miel de mielada con una posible adulteración de mieles.

En las próximas campañas se estima que se incorporen cultivares de sorgo con mayor tolerancia al pulgón y se mejore el manejo del cultivo por productores y técnicos. Esta situación nos hace prever que a futuro la presencia de lotes con pulgón amarillo del sorgo disminuya y así cambie nuevamente la consideración del cultivo por los apicultores.

¿Esta miel es adulterada o auténtica? 

Esto empezó a ocurrir el año pasado, un poco influido por el aumento de superficie sembrada con sorgo en la región», contó Hernán Pietronave, investigador del Programa Nacional de Apicultura de Inta. Según contó el investigador, el pulgón amarillo del sorgo es una plaga incipiente, que pasa de la caña de azúcar al sorgo y succiona la savia de este cultivo.

Un primer llamado de atención fue que la miel obtenida era diferente a la habitual. Luego, en enero del año pasado, muchos productores agrícolas y apicultores, observaron la presencia de abejas pecoreando los lotes de sorgo. Esto también llamó la atención porque no es una cuestión habitual en la zona.

Algo que se señaló es que el control de esta plaga conlleva la aplicación de distintos productos. «Como era una plaga desconocida, se aplicaron productos intensos para poder llegar a este pulgón que se ubica en el envés de la hoja; y en algunos lugares nos empezaron a alertar sobre la vinculación entre la presencia de la abeja, las aplicaciones y la miel que se obtenía», explicó el investigador.

A nivel nacional, algunos laboratorios detectaron que algunos perfiles de estos azúcares correspondían a plantas C4 y no C3, donde habitualmente las abejas pecorean.

Está claro que no es adulteración y el código alimentario reconoce estas mieles. Es posible que, al no provenir de las flores, pueden sí tener un gusto diferente. Lo que primero era una duda ahora queda claro que es miel.

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