Primeros pasos hacia la diferenciación de la producción de miel uruguaya

El presente trabajo analiza una serie de iniciativas recientes de organización del sector con el fin de construir bienes públicos y avanzar en la diferenciación de productos

Uruguay se encuentra habitualmente dentro de los 20 primeros exportadores mundiales de miel; la producción se orienta fundamentalmente al mercado externo, lo que hace que el país llegue a alcanzar niveles de exportación cercanos al 1% del comercio mundial. Sin embargo, en la actualidad el sector apícola uruguayo enfrenta importantes desafíos referidos a la capacidad para mantener su posicionamiento internacional y la reputación respecto de la calidad de su producción. Específicamente, Uruguay enfrenta desafíos asociados a la inocuidad de sus productos y a los rendimientos de sus colmenas. En este marco, el sector ha avanzado incipientemente en la organización de una institucionalidad público-privada orientada a caracterizar y diferenciar sus productos, a la vez que explorar oportunidades de vender otros productos derivados y/o coproductos (cera, jalea, propóleos, entre otros) de la miel. Este trabajo busca describir estas iniciativas recientes de organización del sector a la vez que mostrar los avances preliminares de experiencias de diferenciación basada en la producción orgánica y en sellos asociados a la producción de miel a partir de fuentes forestales responsables, fundamentalmente la miel de eucaliptus.

Caracterización de la Apicultura en Uruguay

El sector apícola uruguayo está fuertemente especializado en la exportación. Ubicándose generalmente dentro de los primeros exportadores mundiales, Uruguay ha exportado tradicionalmente cerca del 90% de su producción (88% en 2019), con una marcada predominancia de la exportación a granel para envasadores y mezcladores en los mercados de destino y con baja presencia de otros productos derivados de la miel. La producción total en 2019 se ubicó en 9.253 toneladas, contra un promedio de 11.575 toneladas anuales entre 2010 y 2019. Uno de los determinantes más importantes de esta caída en la producción se relaciona con el bajo precio internacional de la miel, lo cual obviamente resulta en un desincentivo para muchos productores. En específico, los productores apícolas respondieron a estas condiciones del mercado dejando muchas colmenas sin cosechar, o miel cosechada en los galpones. En 2019 se exportaron 8.148 toneladas de miel por un valor de US$ 16.839.000, lo que representó un precio promedio de US$ 2.066/ton (MGAP – DIEA, 2020). En 2020 las exportaciones de miel mostraron un fuerte incremento interanual, con ventas que totalizaron US$ 31 millones, representando el 0,4% de las exportaciones del país (Uruguay XXI, 2021). Este aumento se debió fundamentalmente a un incremento en los precios internacionales y a una mayor calidad de las mieles uruguayas, al poder mostrar un producto libre de contaminantes.

En términos generales, los precios de exportación de las mieles uruguayas se han encontrado por debajo del promedio mundial en los últimos 15 años, acrecentándose esta diferencia desde 2015 hasta alcanzar un 35% en el 2019 (FAO, 2020). El precio promedio de las exportaciones de miel en 2019, considerando solo aquellos países que han exportado al menos US$ 1 millón, es de US$ 3.248/tonelada, con un rango que va desde los US$ 1.900/ton en el caso de China hasta los US$ 27.000/ton en el caso de Nueva Zelanda. Mientras que -en un extremo- en el caso de China existen crecientes preocupaciones por la calidad y la posible adulteración de miel, Nueva Zelanda se distingue por su exportación exclusivamente fraccionada y con atributos verificables en sus técnicas de producción y con una creciente reputación alrededor de las ventajas para la salud que ofrece su miel, agregando valor a partir de destacar científicamente las cualidades terapéuticas y los orígenes botánicos de sus mieles. En este sentido, vale mencionar que Nueva Zelanda ha posicionado a la miel de un pequeño árbol típico, la manuka (Leptospermum scoparium), como un producto saludable, a partir de la cuantificación del factor UMF. El beneficio para la salud surge de la actividad antibacteriana del metilglioxal, un componente activo clave en la miel de manuka. Este nivel de calidad se indica generalmente en los productos fraccionados con las siglas UMF seguidas de un número, que variará entre el 0 y el 26. Para que sea considerada una miel ‘activa’ –con algo de poder antibacteriano– debe contener al menos un UMF 10+. La experiencia de Nueva Zelanda sugiere que los beneficios de la correcta categorización de las mieles de un país o región pueden ser elevados.

La brecha con los precios promedios internacionales, mostrada en la Tabla 1, responde a la interacción de varios factores. Entre ellos podemos encontrar el contenido del herbicida glifosato en las mieles uruguayas (lo cual es casi inevitable dada la superficie del país y la dificultad de producir miel en zonas no afectadas por agroquímicos) y el tipo de miel producida. En específico, mientras a nivel mundial el precio de la miel aumentó en 2009, la caída experimentada en el precio de las exportaciones uruguayas en el mismo año se debió a la alarma creada en el mercado internacional por los laboratorios alemanes de análisis de miel, basada en la presunta toxicidad de los alcaloides de pirrolizidina (PAs) 7, presentes en algunas mieles uruguayas con alto contenido de flor morada, (Echium sp) y algunas otras plantas (vara de oro, Senecio sp, etc.). Es a partir de este momento que se genera una brecha en precios entre las exportaciones uruguayas y los principales exportadores mundiales que seguiría sin cerrarse hasta el presente.

Tabla 1. Precios Promedio de Exportación (US$/t) y Porcentaje de variación anual.

Por su parte, la fuerte caída del precio de las mieles uruguayas observada a partir de 2015- 2016 se explica por un nuevo golpe sufrido en las exportaciones por la detección de residuos de PA, unida a la de los residuos del herbicida glifosato en 2016 (Pajuelo, 2019). Como parte del proceso de comercialización, las mieles son analizadas por los compradores en laboratorios especializados. Si se detectan niveles elevados de determinados productos (como los residuos de PA o del herbicida glifosato), entonces la miel aún se comercializa, pero a menor precio. Ambos residuos pueden ser altos, y son frecuentes, en mieles uruguayas. En efecto, mientras la brecha de precios con otros países exportadores relevantes se ubicaba en el pasado reciente (entre 2009 y 2015) alrededor del 10%, a partir del 2016 está brecha se acentuó, llegando hasta el 36% en el 2019.

Respecto al tipo de miel, Uruguay produce mieles más “oscuras”, las cuales reciben un precio menor que las mieles “claras”, sobre todo en el mercado estadounidense. En consecuencia, son las mencionadas dificultades en el acceso al mercado alemán (el cual paga precios relativamente altos), en conjunto con la preferencia del mercado de EE.UU. por las mieles claras, las que explican el bajo precio promedio que recibe Uruguay. A su vez, la historia de alertas y rechazo recientes implica que los exportadores uruguayos deben afrontar en muchos casos mayores gastos asociados a la verificación y análisis en los mercados de destino, en particular en los países europeos (Pajuelo, 2019).

De acuerdo con el Registro Nacional de Propietarios de Colmenas (RNPC), en febrero de 2020 había 2.489 apicultores registrados en Uruguay, con un promedio de 225 colmenas por apicultor. El promedio de 225 colmenas implica que hay una gran cantidad de productores pequeños que conviven con grandes productores (más de mil colmenas). Se estima que un productor puede obtener suficientes ingresos de la producción apícola, como para que ésta sea su única ocupación, con unas 600 colmenas. El total de colmenas en 2019 (reportados en febrero de 2020) era de 560.983, lo que representa un aumento levemente inferior al 1% respecto del 2018 (Tabla 2). La producción de miel estimada por colmena es de 16 kg para el año 2019, ubicándose un tercio por debajo de la producción promedio de las colmenas de Estados Unidos (24kg/colmena) (USDA, 2020) y por debajo de los rendimientos de Argentina (20kg/colmena).

Esta actividad genera 2.500 empleos directos y aproximadamente 12.000 empleos indirectos (OPYPA, 2019). Más del 80% de las unidades productivas están registradas a nombre de hombres. Cerca del 20% de las explotaciones pertenece a personas menores de 29 años, el 53% a individuos de entre 30 y 50 años, y el 27% restante a personas de más de 50 años (Pajuelo, 2019). Se cultivan principalmente abejas Apis melliferas. El Censo Agropecuario (2011, último disponible) no diferencia los establecimientos apícolas de acuerdo con el género o categorías etarias. Sin embargo, la creciente concentración experimentada por el sector (ver Tabla 2), a la vez que la necesidad de alejarse de la agricultura por los potenciales residuos de glifosato, nos llevan a presuponer que se trata no de actividades complementarias sino -crecientemente- exclusivas y con mayores desarrollos que la visión que antes se tenía de la apicultura como una actividad complementaria de baja escala.

Tabla 2. Propietarios, Colmenas y Promedio de Colmenas por Propietario en Uruguay (2010 – 2019)

En la Tabla 2 se constata una cierta tendencia a la concentración en esta actividad, a partir de 2014. Esto es el resultado de la desaparición de productores, consecuencia de las fluctuaciones de los precios de la miel. En general el proceso de concentración se explica por la compra de las colmenas por parte de aquellos productores con capacidad de atravesar momentos de precios bajos de la miel a apicultores con menos respaldo para afrontar períodos críticos del sector.

En lo que refiere al modelo comercial fronteras adentro, no existe la figura del acopiador propiamente dicho. Para comercializar su miel, los productores se vinculan directamente con los exportadores. Estos últimos siguen distintas estrategias; mientras algunas de las empresas responsables de los despachos externos tienen compradores distribuidos por el territorio nacional, otros esperan a ser contactados por los productores.

El precio pagado por los exportadores es relativamente uniforme, debido principalmente a las capacidades de arbitraje de los productores. Uruguay cuenta con un sistema de trazabilidad para la producción apícola, el cual le permite rastrear el origen de cada envío al exterior de manera eficiente. De acuerdo con los registros del Sistema Nacional de Trazabilidad de Productos Apícolas (SINATPA), hay 387 salas de extracción habilitadas y 12 establecimientos de acopio, manipulación, homogeneización, mezcla o fraccionamiento de miel y productos apícolas habilitados (OPYPA, 2019).

La producción apícola se realiza en ubicaciones geográficas vinculadas a los tipos y momentos de floración. En general, en las zonas de praderas se producen mieles multiflorales, alcanzando el 50% de la producción del país, con muy buen sabor y coloraciones que pueden variar según la zona y las condiciones climáticas. En las zonas norte y noreste del país existen extensas forestaciones de Eucalyptus Grandis que son aprovechadas por los productores apícolas produciendo grandes cantidades de mieles monoflorales de alta calidad con coloraciones que varían desde Extra-Light Ámbar hasta Ámbar (50 mm a más de 114 mm según la escala Pfund), alcanzando un 40% de la producción. El restante 10% es miel multifloral de monte criollo, con presencia del arbusto autóctono coronilla, quebracho, Scutia buxifolia, entre otros.

La Figura 1 indica los porcentajes del total de colmenas del país por departamento, y permitiendo evaluar la distribución geográfica de la apicultura. Se puede observar que es un sector con una importante descentralización. Esta actividad productiva tiene una presencia más marcada el litoral Oeste del Uruguay (Colonia, Soriano, Río Negro, Salto y Paysandú representan el 50% de las colmenas).

Figura 1. Distribución Departamental de Colmenas (2019). Fuente: MGAP – DIEA (2020: 107)

Los requerimientos del mercado, referidos tanto al contenido en PAs totales como al de residuos de glifosato, son que en ambos casos esté por debajo de 50 ppb. Según la Comisión Honoraria de Desarrollo Apícola (CHDA), los análisis de glifosato en mieles de la zafra de 2017- 2018 para Uruguay indican que la mayoría de las mieles cosechadas se ubicaban entre 30 y 80 ppb, y que no había muchas por encima de 100 ppb, mostrando mejores resultados que los de la zafra anterior. Vale aclarar que caracterizaciones sectoriales producidas por el Consultado de Argentina en Hamburgo sobre el sector importador de miel en Alemania sugieren que no obstante el límite regulado en Alemania, los importadores locales, y sobre todo los supermercados, requieren que el contenido de glifosato en las muestras sea incluso por debajo de las 25 ppb, ello debido a que a veces los resultados difieren entre muestras y el envío real de la mercadería. El mismo informe aclara que, de todas maneras, los importadores compran regularmente mercadería con más de 50 ppb o hasta 100 ppb aunque a precios más bajos, la que eventualmente mezclaran con otras mieles para obtener un producto que cumpla con los límites requeridos o permitidos (Consulado Argentino en Hamburgo, 2018). En el caso de Argentina, a modo de comparación, la presencia de glifosato no ha sido un problema que haya generado ni alertas ni rechazos. A partir de un sondeo de SENASA en el año 2019 en muy pocos casos se encontraron mieles con niveles de 50 ppb o superiores. Este tipo de sondeos no se realiza todos los años (Comunicación personal con Dra. M. Carullo, Coordinadora del Plan Nacional de Control de Residuos e Higiene en Alimentos (CREHA) de Argentina).

Autores: Roberto Bisang, Jeremias Lachman, Andrés López, Martín Pereyra, Ezequiel Tacsir. Primera entrega.

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