La sequía está golpeando de lleno a una actividad que juega un papel fundamental en los cultivos y en la biodiversidad. El deterioro del sector apícola, es un efecto más del avance de la crisis climática.

En España, Unión de Uniones criticó que las ayudas no logran compensar el incremento de los costes de producción y COAG pide un plan de rescate ante la «quiebra técnica del 50% de las explotaciones»

Unión de Uniones de Agricultores y Ganaderos, tras analizar el Real Decreto sobre las ayudas destinadas al sector apícola, critica que éstas se muestran «del todo insuficientes y mal planteadas desde el principio», sin poder resolver la situación por la que pasan los apicultores que han visto cómo se han duplicado sus costes de producción en el último año. La organización destaca que la propia norma reconoce que el contexto de sequía y el conflicto bélico en Ucrania no ha hecho sino agravar la crisis que ya atravesaba a lo largo de los últimos años la apicultura: problemas sanitarios y climatológicos que afectan a la producción, importación masiva de miel a precios reducidos, impacto del encarecimiento del combustible -especialmente a la apicultura trashumante-, etc.

Unión de Uniones se muestra contrariada porque, a pesar de conocer la situación, el Gobierno dota de un apoyo de apenas cinco millones a todo el sector, haciendo que los valores de la ayuda sean muy bajos y no cubran más que una mínima parte de los costes reales de los apicultores. Y es que los gastos de producción en el sector apícola se han disparado como consecuencia del aumento de precio de las materias primas y la necesidad de aumentar tratamientos y alimentación de las abejas debido a la situación de sequía que se está viviendo en los últimos años. Por ejemplo, de gastar unos 9 euros por colmena en alimentación en 2021 se ha pasado a los 19,2 euros por el incremento del coste y por la sequía, que alarga el periodo de alimentación. Asimismo, en carburantes se ha pasado de necesitar 10,75 euros por colmena en 2021 a los 15,56 de 2022. Por ello, Unión de Uniones advierte que es necesario un apoyo económico real para mitigar el impacto de la guerra en el aumento de los costes de producción de las explotaciones.

Además, considera que, si bien el Ministerio enfoca el escaso presupuesto en apicultores profesionales, la forma de plantearlo deriva en grandes diferencias entre beneficiarios, de forma que dentro de los tres rangos de apoyo según el número de colmenas se dan diferencias de hasta 3,67 euros por colmena entre unos apicultores y otros.

Por estos motivos, Unión de Uniones pide al Gobierno que incremente sustancialmente los valores de la ayuda y se complementen en cada comunidad autónoma, como se ha hecho en otros sectores ganaderos, para asegurar la sostenibilidad y continuidad de esta actividad esencial. Solicitan asimismo que también se tenga en cuenta la situación real del sector apícola y que se establezcan medidas de apoyo adecuadas para afrontar los desafíos derivados de las condiciones climáticas adversas, de los depredadores que provocan una merma constante de la población en la colmena -como el abejaruco y la velutina- y de los graves problemas sanitarios que sufren las colmenas.

COAG.

Por su parte, COAG considera que las ayudas para la apicultura que anunció el Gobierno son «absolutamente insuficientes». «Se reparte miseria. 800 euros para un apicultor con la que está cayendo es insultante. Sólo el coste de alimentación suplementaria de las abejas por la ausencia de floración supone 7.200 euros al mes en una explotación media (400 colmenas)», subraya Pedro Loscertales, responsable del sector apícola de la organización.

COAG habla de incertidumbre y pérdidas inasumibles por la sequía para el ejercicio 2023. Sus previsiones apuntan a una «pésima campaña» que no superará el 15% de una cosecha normal. Se da prácticamente por perdida la cosecha de miel de romero y tomillo y la de azahar se verá reducida a la mitad respecto a la media de los últimos años. «Por delante tenemos la miel de retama y el eucalipto, cuya producción es siempre incierta y poco representativa respecto a la producción total de primavera. Además, la producción de polen también ha sido muy baja», comenta Loscertales.

Como Unión de Uniones, COAG incide en que el coste en alimentación se ha disparado en primavera debido a la ausencia de floración y añade que se ha agravado la presencia de abejarucos en los colmenares. También existe incertidumbre en relación a los enjambres. Según aseguran desde la organización, es posible que muchos no salgan adelante y, los que lo consigan, lo harán a costa de una importante inversión en alimentación de las abejas (coste de 18 euros por colmena).

De ahí que COAG califique de «absolutamente insuficientes» las ayudas y manifieste su disconformidad con la propuesta del Ministerio de Agricultura. Loscertales demanda que la ayuda incluya a todas las explotaciones profesionales (independientemente de que sean estantes o trashumantes). «Insistimos en que es importante que la ayuda pueda llegar a todos los profesionales (y no sólo a los trashumantes). El sector lleva demandando ayudas directas desde julio de 2022 y está atravesando una situación excepcional y requiere de medidas excepcionales. Los cinco millones son un parche de cara a la galería. Conviene no olvidar que el sector está compitiendo en el mercado con importaciones fraudulentas que entran a precios por debajo de costes de producción en el mercado europeo», ha apuntado Loscertales.

Ante estas circunstancias, una parte creciente de los apicultores se están viendo obligado a dejar la actividad y buscar alternativas laborales entre otros sectores como la construcción o la hostelería. «Tres campañas consecutivas sin apenas producción y con precios por debajo de costes hacen insostenible la situación. Hay quiebra técnica en más del 50% de los colmenares de nuestro país, desgraciadamente por cuestiones que no dependen de nosotros como es el clima. Necesitamos un ambicioso Plan de Rescate para el sector apícola español», ha afirmado el responsable del sector de COAG.

Falta de lluvias

La falta de lluvia, cada vez más habitual, se ha convertido en una amenaza añadida para el sector apícola en España, que atraviesa su momento más complicado. Por tercer año consecutivo, la sequía está golpeando de lleno a una actividad económica que, si bien es minoritaria -con una producción anual de aproximadamente 60 millones de euros, según datos del Ministerio de Agricultura-, juega un papel fundamental en la polinización de los cultivos y el mantenimiento de la biodiversidad.

La ecuación es sencilla: sin lluvia no hay flores, sin flores no hay polen y sin polen no hay abejas. El deterioro del sector apícola es un efecto más del avance de la crisis climática en España.