La apicultura en el contexto del cambio climático

Estos afectan los ciclos florales y la fenología propia de las flores y, con ello, la estabilidad en la producción de miel, así como las condiciones físicas y salud de las colmenas.

Las concentraciones de gases de invernadero han alcanzado niveles nunca antes detectados. Como resultado, las temperaturas en los océanos y la tierra son ~ 1°C más altas que en la era preindustrial, y las precipitaciones se hacen más variables y más extremas. Aunque existe conciencia sobre la emergencia que representa el cambio climático para una gran parte de la población, las emisiones de carbono siguen incrementándose y no se vislumbran acciones para frenar el calentamiento global.
El cambio climático ya ejerce impactos tangibles que ponen en jaque la producción agrícola y, en el caso particular de la apicultura, la incertidumbre en las condiciones de temperatura y humedad (lluvias irregulares, ausentes o en exceso). Estas afectan los ciclos florales y la fenología propia de las flores y, con ello, la estabilidad en la producción de miel, así como las condiciones físicas y salud de las colmenas. si las abejas comienzan a buscar alimento más tarde que las plantas de primavera alcanzan su punto máximo de floración, las consecuencias podrían ser la reducción de la abundancia de polinizadores, debido al sustento limitado y la abundancia reducida de plantas, debido a la polinización limitada.
Las abejas y por ende los / las apicultores (as) están sufriendo una doble irregularidad a consecuencia de la inestabilidad climática: algunas floraciones de importancia melífera se presentan en sus períodos normales, pero otras no se presentan, lo hacen mucho tiempo después, se presentan por periodos muy cortos o, incluso, pueden florecer pero con néctar ausente.
Debido a la alta dependencia que existe entre la calidad del ambiente y la productividad de las abejas que requieren de las flores para su alimentación (tanto de cultivos como de vegetación silvestre), los / las apicultores (as) se han transformado en verdaderos sensores y monitores del paisaje y de los cambios en los parámetros climáticos. Como reacción, los / las productores (as) han implementado ciertas medidas para ayudar a reducir los problemas que han afectado la producción de miel. Algunas de estas acciones son: iniciativas de reforestación, la siembra de plantas melíferas propias de sus regiones, la alimentación de sus abejas con la intención de mantener una fortaleza poblacional adecuada cuando se presente la floración y la movilización de colmenas a zonas en las que se presenta la floración deseada.
Sin embargo, debido a la enorme área de pecoreo que tienen las abejas para la búsqueda de su alimento (de hasta 2,800 ha), los resultados de estos esfuerzos son, desafortunadamente, de bajo alcance. Para lograr un efecto importante en la estabilidad climática, se requiere de un esfuerzo de todas las personas que habitan este planeta, y en especial de la aplicación y el respeto de los acuerdos a gran escala planteados entre naciones a partir de convenciones y las cumbres sobre el cambio climático.

¿Cómo afectan los efectos meteorológicos adversos en la vida de las abejas?
El cambio de temperatura, el aumento de la radiación solar, el incremento de periodos de sequía o de lluvias y el viento son factores que podrían afectar al conocido como pecoreo de las abejas.
¿El pecoreo de las abejas depende en gran medida de las variaciones en los efectos meteorológicos?
Vamos a analizar algunos de los efectos meteorológicos.
Temperaturas:
Cuando las temperaturas no son muy elevadas el pecoreo es más alto, además está relacionado con el nivel de radiación solar sea alta y los más desfavorables, al contrario.
Cada zona tiene unas características peculiares en cuanto al tiempo se refiere.
Un estudio realizado por la Unión Europea para los años 2012-2014 donde se ha detectado una mortalidad de las abejas en invierno, que varía por países.
Algunas conclusiones llegadas en el estudio son las siguientes:
• Las tasas de mortalidad de las colonias difieren de un año a otro para disminuir en el segundo año.
• También se observaron diferencias regionales significativas en las pérdidas de colonias.
• El clima podría haber influido en las pérdidas de las colonias de invierno durante los dos años.
• Los sistemas de vigilancia europeos y nacionales se beneficiaron de esta experiencia.
Lluvias:
La cantidad de precipitaciones afecta de un modo claro en el pecoreo de las abejas, ya que a mayores lluvias en los meses de otoño e invierno mayor floración y con ello mayor producción de néctar.
En cambio, las lluvias no son favorables para la producción de néctar en los meses de primavera, siendo necesarios días claros para que se le favorezca su labor al insecto.
Llueve más pero peor y lo que quieren las abejas es una lluvia cada quince días. Que llueva mucho y salgan muchas flores no sirve si al cabo de unos días hace mucho calor y se secan.

Viento:
El viento no es recomendable en los meses de pecoreo, las abejas podrían no ver atractiva la salida de su colonia y por lo tanto no se produciría la polinización efectiva para la producción de néctar.
Además de las distorsiones en el vuelo de las abejas recolectoras, las cuales tienen que aterrizar varias veces antes de llegar a la colmena, lo que podría reducir la vida de las abejas y baja la producción de miel.
Como conclusión podríamos decir que en climas secos y cálidos las abejas se ven beneficiadas porque las horas de luz son mayores y pueden pecorear más, tener en cuenta que el frío afecta a las abejas, llegando a morir a partir de los 6-7 grados.
Dentro de las colmenas y sobre todo en épocas invernales las abejas se amontonan en la zona central de los panales, formando un “racimo” que las protegen del frío.
Cuando la temperatura aumenta las abejas se van separando poco a poco ocurriendo lo contrario, cuando aumenta el frío.
Vivimos una etapa marcada por la inestabilidad meteorológica, marcada por el aumento del clima, sequías extremas, pérdidas de cultivos y especies por la falta de agua y las temperaturas extremas a las que se enfrentan.
“El cambio climático es real, de nosotros depende el frenarlo o contribuir para agravarlo”. Es una de las frases que se publicó en un informe de la principal agencia científica del gobierno tras la intención de Trump de retirar a EEUU del Acuerdo de Paris.
Si tenemos en cuenta el cambio climático, como el incremento de las temperaturas, las modificaciones de pautas de precipitación y fenómenos meteorológicos más extremos, todo lo que comentado durante todo el artículo tendría sentido y causaría un impacto en las poblaciones de abejas, afectándoles individualmente y en última instancia, como comunidad.

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