Apicultura, abejas y cambio climático

Soledad Accordino, apicultora. Las Heras, martes 19 de mayo de 2020. (Prensa Las Heras/Marcelo Aguilar)

Tanto las abejas como otros insectos polinizadores que habitan nuestro planeta han disminuido considerablemente en los últimos 100 años

Las abejas son uno de los insectos que más beneficios aportan a la vida humana, ya que garantizan el 30% de la producción de alimentos. Leandro Frígoli, Técnico en Producción Apícola en el Instituto Nacional de Tecnología y Agropecuaria (INTA) y Programa Nacional de Apicultura (PROAPI), de la ciudad de Azul, explica el rol de las abejas. Un análisis con perspectiva local y regional de la actividad apícola, que desafía a las instituciones y productores a innovar para prevenir el futuro de las abejas.

Tanto las abejas como otros insectos polinizadores que habitan nuestro planeta han disminuido considerablemente en los últimos 100 años, debido a factores como: el uso de pesticidas, especies exóticas invasoras, organismos genéticamente modificados, etc. A sí mismo, a todos estos factores que atentan contra la existencia de las abejas, se le suma el estrés que padecen por el cambio climático. Cada colonia de abejas es un organismo que actúa en función de los estímulos que reciben de los entornos. Comúnmente suelen salir a recolectar néctar o polen en épocas más calurosas o primaverales, cuando las flores comienzan a florecer.

Sin embargo, ante las altas temperaturas que se dieron en las estaciones invernales, las abejas han salido a trabajar sin encontrar polen en las plantas. Si en invierno hacen temperaturas que superan los 15 grados, la abeja interpretará que tiene que salir a recolectar néctar. Sin embargo, se va a encontrar con que la planta no produce polen y que el viaje fue en vano, porque no es temporada de cosecha. Por lo tanto, gastará energía de más. Este último podría representar un factor que provoca el estrés a las abejas.

La polinización es considerada como uno de los procesos más importantes para la supervivencia de los ecosistemas. Es uno de los factores más esenciales y necesarios para la producción y reproducción, tanto de cultivos como de plantas silvestres. Esto es posible gracias a que la abeja deposita en el estigma de la flor el polen, produciendo así la fecundación, que luego dará semillas o frutos a la planta. Según indica la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), casi el 90% de las plantas con flores dependen de la polinización para poder reproducirse.

El Técnico en Producción Apícola manifiesta que «el sistema de polinización por medio de la abeja es el más eficiente hasta la actualidad. Con su polinización garantiza que los alimentos y frutos sean más saludables, de mejor y mayor calidad», y agrega que: «en los cultivos como el girasol, en el transporte del polen de una planta a otra, genera una mayor diversidad y riqueza genética». Si bien existen otros tipos de polinizadores tales como los pájaros, las polillas, los escarabajos y el viento, que ayudan a que las plantas se reproduzcan, ninguno de ellos deposita el polen como lo hacen las abejas.

Por otro lado, destaca la importancia de un manejo de las colmenas bajo el Sendero Tecnológico de INTA PROAPI, el cual garantiza que las colmenas estén cuidadas, evita la aparición o desarrollo de enfermedades, como el déficit alimentario, y previene que un mal cuidado derive en una consecuencia letal, como es la muerte de la colmena.

Desde el INTA (PROAPI) se plantea como una de las alternativas, ante dichos factores externos que amenazan a las colonias de abejas de la región, que es importante que las colmenas estén bien alimentadas, sanas y con una genética de alta calidad, para que aquellos estímulos que vienen de afuera no afecten a las colonias y estén en equilibrio.

Situación Local

El contexto actual de lo local no se escapa de los niveles de cambio climático ni económicos de los sistemas productivos que hay dentro de la ganadería y la agricultura. Se trata de dos factores que impactan en mayor o menor medida en la productividad y la supervivencia de las colmenas. En términos productivos la actividad está sujeta a la gran variabilidad que tiene el estado del clima año tras año. Los productores apícolas pueden marcar microclimas que se adaptan y estabilizan cada tres o cuatro años, pero hoy desde la apicultura se visualizan cada vez más cambios bruscos de un año a otro, en relación a la temperatura, la cantidad de precipitaciones o la humedad.

«Factores que permiten que la abeja consuma o complemente esta relación de coevolución con las plantas y así nutrirse del polen, y néctar, que tienen y que la planta de forma viceversa se nutra del oficio y de la capacidad de polinización y fecundación que le brinda la abeja», manifiesta. Asimismo, el Técnico en Producción Apícola explica que esto último está sujeto a los impactos del acceso a los alimentos de calidad, ya que la fecundación de las abejas en las plantas garantiza en los cultivos de verduras, como el tomate, o frutas que consumimos a diario, que los productos sean más homogéneos, pesados, más formados y más sanos. «Cuando hay una abeja polinizando, va a generar productos no atacados por plagas», sostiene.

A lo largo de los últimos seis años la producción por colmena de miel, que se da en Azul y la región, varía entre 20 y 25 kilos. «Hace 50 años atrás se sacaban 100 kilos de néctar en estas regiones y ahora se sacan 20. Claramente es notorio que a lo largo de los años se produjo una pérdida constante en las producciones», compara Frígoli.

Sin embargo, la apicultura como actividad ha crecido enormemente en los últimos 15 años, gracias a la incorporación de nuevos actores a la actividad apícola. La inclusión de la mujer es una de ellas. Muchas se capacitan por curiosidad o aprendizaje, lo que lleva a que un gran caudal de esas mujeres después termine teniendo sus primeras colmenas y se dedique a la actividad. «Esto es bastante importante porque le da un aire positivo a la actividad apícola, sobre todo lo que tiene que ver con el fortalecimiento de organizaciones, ya que son jóvenes mujeres que permiten renovar la actividad.», expresa el especialista.

El desafío de las instituciones y los apicultores

Actualmente, muchos apicultores y personas continúan sosteniendo que las abejas están en peligro y que si estas se extinguen con ellas también desaparece la vida humana. Pero nunca se lo pensó desde una perspectiva que desafía al sector apícola en buscar nuevas innovaciones y es precisamente este el gran desafío: generar más innovaciones y crear actividades que permitan desafiar a que las instituciones o el productor apícola piense en soluciones a largo plazo.

Un primer paso sería informar al productor agrícola ganadero, y generar campañas sobre lo importante que es la abeja para sus propias producciones. Que los incentiven a pensar en todos los ambientes biodiversos saludables con abejas. «La producción agrícola ganadera cada vez más es vista por los apícolas y las instituciones desde la sostenibilidad, en donde su principal capital es la tierra, la cual debe ser cuidada para producir con conciencia ambiental. Actualmente se está tomando mucha responsabilidad en cómo producir y de eso se trata», finaliza.