Alimentación en primavera

Se sabe que es una de las claves para poder entrar con una población fuerte de cara a las floraciones y para garantizar la supervivencia cuando en el campo no hay suficiente sustento.
Con el comienzo de la primavera aparecen los primeros días de calor tras el invierno. Las abejas intuyen que les queda muy poco para salir de la colmena y comenzar una nueva campaña de trabajo.
Es un momento clave para los apicultores, que deben comenzar a preparar a las abejas para que comiencen a trabajar cuanto antes. De estos cuidados y atención depende el éxito de la próxima campaña.
Las abejas consumen miel y polen, alimentos ricos en materias azucaradas y proteínas, que les proporcionan sustancias necesarias para generar energía y elementos indispensables para el crecimiento.
Las abejas utilizan el polen para alimentar a la cría los tres últimos días, de los seis de cría enroscada, y también para nutrir a las abejas jóvenes. Sólo éstas, llamadas nodrizas, producen, por medio de sus glándulas, jalea real durante los 10 primeros días de vida para alimentar a las larvas; si les falla el suministro de polen, dejan de producir jalea real. En cambio, la abeja vieja se alimenta a base de miel. Si la colmena está formada por abejas jóvenes y larvas, necesitará aporte de polen.
Necesidades alimenticias de la colmena en primavera
A partir de los 22° de temperatura la reina empieza la puesta, estando en ese momento la colmena formada por abejas viejas, jóvenes y cría; por tanto, las necesidades son las mismas que en el otoño, es decir, miel y polen. Este lo hay en el campo, lo único que hay que suministrar a la colonia es miel.
Interesa que las abejas salgan y recojan polen en vez de suministrárselo, ya que cuanto más pecoreen, más deprisa envejecen, y las abejas viejas son las que acarrean la miel y el polen. En realidad, no hay propiamente una alimentación de primavera, más bien es de preparación para ésta, con el fin de forzar a la reina a la puesta antes de que venga el flujo de néctar y conseguir así una colmena que esté totalmente desarrollada cuando llegue la primavera. El desarrollo normal de una colmena en esta época se puede dividir en cuatro fases:
-Primera fase: Al salir del invierno hay sólo abeja vieja, de la puesta de otoño, que va a morir en los primeros vuelos.
-Segunda fase: Escasa abeja vieja y cría.
-Tercera fase: En la colmena hay abeja joven, cría y abeja vieja. La proporción es una abeja joven por cada 2-3 crías, encargándose las viejas de traer algo de néctar a la colmena. Al seguir aumentando la temperatura y el flujo de néctar, la reina fuerza su ritmo de puesta y se pasa al siguiente estadío.
-Cuarta fase: En ésta hay muchas abejas jóvenes, mucha cría (pero menos, que en la anterior) y abeja vieja. La única diferencia con la tercera fase estriba en el tanto por ciento de los tipos de abejas.
En la anterior había una abeja joven para alimentar a cada 2-3 crías. Es la proporción aceptable para que la colmena siga su desarrollo normal. En esta fase hay 2-3 abejas jóvenes para alimentar a una cría, que es incapaz de consumir la jalea real que aquéllas producen, por lo que se acumula en la colmena. Ante este desequilibrio, las abejas jóvenes se van a los lados de la colmena y producen una realera, y esta colmena enjambra.
Alimentación artificial de las abejas
La explotación de las abejas ha avanzado considerablemente en los últimos años, introduciendo grandes modificaciones, entre las que destaca la alimentación artificial. El apicultor se ha visto obligado a completar los alimentos naturales de las abejas, ya que éstos suelen ser insuficientes tanto desde el punto de vista cualitativo como cuantitativo, con lo que ha conseguido aumentar la rentabilidad y seguridad de la colmena.
La alimentación en primavera debe ser con jarabe, que es lo más parecido al néctar, y darse un mes antes de que empiecen a salir las abejas para tener la colmena adelantada.
El jarabe puede ser de azúcar o de miel, variando la proporción de agua según se emplee un producto u otro. Si se utiliza la miel la cantidad de agua debe ser menor, ya que este producto contiene algo más del 20 por 100 de agua. También se puede utilizar mezcla de miel y azúcar.
A continuación, se incluyen varias fórmulas de jarabes a utilizar en primavera:

Manejo de la alimentación
Teniendo en cuenta que la miel no tiene más de un 5 por 100 de sacarosa y el azúcar en cambio contiene prácticamente un 100 por ]00 de sacarosa, hay que tener cuidado en que los alimentadores no tengan una amplia superficie de acceso para las abejas; todo lo más han de permitir que coman 3 ó 4 abejas a la vez para evitar el exceso de sacarosa en la miel. Si las abejas tienen amplio y fácil acceso al jarabe de azúcar, acumulan éste en los panales, formándose dos capas, una inferior de miel y otra superior de jarabe, y al recolectarse se obtiene miel de azúcar considerada como adulterada, que es distinta de la miel natural.
Suministro de sustancias azucaradas
Existen diferentes tipos, fabricados en madera, vidrio, plástico, etc., de forma rectangular, cuadrada o redonda. Existen también los marcos-alimentadores o las bandejas grandes.
El alimentador de succión está fabricado con material plástico, tiene forma aplanada y termina en una estrecha boquilla inclinada hacia arriba que permite el acceso de sólo 3-4 abejas.
Estas características impiden la salida del jarabe y el peligro de pillajes, al tiempo que facilitan el manejo porque puede colocarse encima de los cuadros.
Las pastas gelatinosas y de candy se trasladan fácilmente en bandejas metálicas, cajas de plástico, madera, etc., en trozos de 1/2 a 3/4 de kg. y se colocan encima de los cuadros una vez levantadas las tapas de las colmenas, lo que facilita su administración.
La cantidad de alimento a suministrar por colmena y su reposición depende de diversos factores: estado de la colmena, climatología (en inviernos cálidos consumen más alimento), flora melífera después del último corte, etc. Como cifras aproximadas en las distintas formas de alimentación se pueden dar las siguientes por colmena.

Suministro del agua
El agua es necesaria para las abejas; con ella preparan alimentos larvales y refrescan la colmena cuando hace calor.
La humedad es un factor importante en la colmena; en tiempo seco las abejas recogen gotas de agua que colocan en la parte superior de las celdillas para que al evaporarse proporcionen la humedad necesaria al pollo, que de otro modo moriría por deshidratación.
Las abejas traen agua de cualquier fuente cercana, de cisternas, de sitios en los que se bañan los pájaros, etc.
En tiempo caluroso y en las zonas donde las abejas no hallan agua fácilmente, o el agua no se encuentra a su alcance, el colmenar debe ser abastecido con agua limpia, utilizándose para ello diversos tipos de recipientes, bidones, vasijas de plástico, etcétera, que se cubren parcialmente con planchas de corcho para facilitar la recogida de agua y evitar que se ahoguen las abejas al pretender tomarla.
Sustitutivos del polen
Por orden de importancia se pueden utilizar los siguientes sustitutivos: – Harina de soja finamente molida. – Leche en polvo. – Levadura de cerveza. – Harina de maíz. – Harina de trigo. – Harina de castañas. – Harina de centeno.
EI valor biológico de estos reemplazantes nunca llega a ser el del polen. Es conveniente por tanto no forzar las colmenas a la producción de polen, porque quedan debilitadas al tener que dedicar más abejas a la recogida de éste en detrimento de la producción de miel.
En relación con este aprovechamiento hay que actuar con prudencia y dejar que las abejas entren polen suficiente para alimentar a la cría y a la abeja joven; en caso contrario, las abejas nodrizas no producirán jalea real, lo que impedirá alimentar al pollo. Por esta razón la permanencia de los cazapólenes en las colmenas no debe ser prolongada. Sin poder dar cifras concretas, porque en definitiva depende de la situación del campo, se pueden colocar los cazapólenes durante 10-15 días seguidos, evitando hacerlo de forma intermitente.

Por distintos motivos los apicultores pueden alimentar las colmenas con azucares como un manejo estratégico. Algunos de estos motivos refieren a asegurar la supervivencia colonial cuando la disponibilidad de alimentos en el ambiente escasea, o a promover un crecimiento poblacional para anticipar los flujos de néctar. Esta práctica, cada vez más difundida, proporciona beneficio a nivel productivo, pero también implica algunos riesgos.
En la actualidad, el riesgo que más preocupa es la probabilidad de afectar la comercialización de la miel con restos de esa alimentación en la miel cosechada.
En la medida que las abejas no consuman todo el alimento administrado, los restos de azucares utilizados pueden mezclarse con el néctar acopiado por las abejas y ser finalmente cosechados con la miel por el apicultor.
Para evitar que esto suceda, el apicultor DEBE tener en cuenta tres factores interrelacionados entre sí y de igual importancia:
1) El MOMENTO de alimentación. Se debe realizar la alimentación en ausencia de alzas melarias para la posterior cosecha de miel.
Se consideran alzas melarias al material que se agrega para que la colonia almacene la miel a cosechar. Aquellas alzas con miel que se dejan en las colonias en otoño para asegurar la supervivencia invernal de la colonia, no son consideradas alzas melarias.
2) Los VOLÚMENES de jarabe administrados deben ser los adecuados para asegurar que sean totalmente consumidos en el corto plazo por las colonias de abejas.
3) Los ESPACIOS internos de las colmenas deben ser mínimos cuando se administra la alimentación.
La alimentación por cortes en el flujo de néctar o entre floraciones cercanas unas de otras, requiere especial atención del operador, pues aumentan sensiblemente el riesgo de contaminación para la siguiente cosecha.
Si sospecha que, a pesar de tomar las precauciones correspondientes, su cosecha puede tener restos del alimento suministrado, debe cosechar y extraer la miel en envases diferenciados y aportar esta información en el momento de la comercialización.
Como una rutina de Buenas Prácticas de Manejo, se recomienda llevar registros de cada operación de alimentación: alimento suministrado, proveedor, volumen y fechas de cada administración y de agregado de alzas melarias.
La alimentación complementaria forma parte de las buenas prácticas apícolas y no debería ser considerada como un manejo eventual o improvisado. Es responsabilidad de toda la cadena, asegurar la calidad de nuestras mieles y mantener su reconocimiento mundial de miel natural, pura y genuina.

El estado de las colmenas después del invierno
Tras el paso de la estación más fría del año, las abejas están en su momento más vulnerable, sus reservas de alimento escasean y muchas habrán muerto durante el invierno.
Los apicultores deben planificar correctamente la campaña para evitar que se puedan producir errores que retrasen el inicio, lo que podría llevar a perder las primeras floraciones y no aprovechar al máximo los recursos de la primavera.
El inicio de la primavera es un momento en el que el tiempo puede jugar malas pasadas. A medida que van aumentando las temperaturas, las abejas se sienten preparadas para arrancar su actividad, se producen las primeras salidas y las reinas empiezan a criar. Sin embargo, es una temporada en la que las lluvias, pueden venir acompañadas de frío.
Si esto sucede, las crías necesitan cantidades elevadas de alimento que pueden ser superiores a las reservas de la colmena. Los apicultores deben tener esto presente para estar alertas y preparados.